Damian Lillard. No parece que ni él ni sus Blazers estén teniendo una temporada a la altura de lo previsto y sigue con solo dos All Star en su currículum. Pero promedia 26,5 puntos, 5 rebotes y 6 asistencias por partido y ya ha superado en su carrera los 1.000 triples. Desde luego es un jugador especial, un talento único, y por eso hace cosas de las que solo hacen los jugadores especiales. La última, decidir un partido espectacular entre el milagro del Este, Miami Heat, y unos Blazers que tratan de hacer la del mal estudiante: todo a última hora para no quedarse fuera de los playoffs. Ahora están a un partido.
Han ganado ocho de diez a pesar de la remontada inexplicable que permitieron a los Wizards en su pista. Después de ganar en San Antonio y Atlanta, en Miami , el base aguantó el infernal ritmo de un rival que es una avalancha y terminó con 49 puntos (9/12 en triples) y 14 en los últimos ocho minutos y medio. Ahí volvió a pista, con el partido en el alero, y alimentó el 18-28 final para los de Oregón. Nurkic (21 puntos, 12 rebotes) jugó un partidazo contra Whiteside (17+10), Vonleh aprovechó lagunas en la zona del rival (11+7) y McCollum sumó 18 puntos. Pero si los Blazers ganaron, no hay discusión posible, fue gracias a un Lillard extraordinario.

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